Aunque el causante es un virus de pequeño tamaño (de ahí el nombre “parvo”) la importancia de la prevención mediante vacunas en los cachorros es grande. Según la zona se recomienda una vacuna a las 6 semanas y luego revacunar a las 8 y 12 semanas de edad del cachorro. Son vacunas muy eficaces y es muy raro que un perro enferme de GASTROENTERITIS POR PARVOVIRUS si ha sido vacunado. Los síntomas son: diarrea acuosa y luego hemorrágica, vómitos que no remiten con facilidad y disminución de leucocitos en sangre. Es imprescindible el tratamiento por un veterinario para curar al cachorro.
Afecta especialmente a animales jóvenes (6 semanas a 8 meses) y, aunque suele ser autolimitante, cuando se asocia a Bordetella produce un cuadro más severo de tos y exudad nasal que dificulta la respiración.
En las razas braquiocefálicas (bulldog), este problema respiratorio se acusa. Siempre va incluido en las vacunas polivalentes de cachorros y adultos. Es altamente contagioso (cada vez que el perro tose o estornuda salen despedidas partículas víricas a varios metros de distancia), por lo que recomendamos desde aquí revacunar también antes de acudir a concentraciones caninas (concursos, residencias…).














